lunes, 11 de agosto de 2008

EL NIÑO DE LATA

Cero tres en matemática, cero cinco en lenguaje y ortografía, soledad es lo que sentía al recibir solo castigo en ves de un abrazo, mirada tierna de niño de fiar, palomilla ameno, techero, jefe de grupo y de cuadrilla, pero nada de eso llenaba su lugar, en su pecho latía el único sentir y palpitar que le daba señales de vida, corría por acá y por allá ganando competencias de mano, carreras y escaladas, para tirar pedradas a los pajarillos o matar a patadones un perro, y sino coger del cogote a un fuerte del grupo para decirle al mundo que existía que él es bueno para nada con todo su poder, cuando estaba con sus amigos hablaba demasiado, mandaba callar a los débiles y se unía con los fuertes, aunque pequeño pero como un animalito en la jungla marco su territorio y allí era invencible, mas todo acababa cuando llegaba a dos lugares en los que un extraño parecía, o un extranjero mejor, porque nada entendía; en la escuela el profesor le daba de jalones de oreja porque la tabla no aprendía y de patilla al no saber recitar la poesía, ¡pobre tu mamá caramba!, exclamaba el profesor, más él niño solo atinaba a decir si señor, si señor y salía corriendo despavorido y temblando para terminar por la playa andando como un zombi, una brisa en un mar desierto, llorando inconscientemente, para luego olvidar lo sucedido y volver a las andadas. En su casa habían ya llegado las quejas del maestro o una vecina chismosa o quizás un compañero de la escuela que se había fijado en su figura, no lo se, porque generalmente casi nadie sabía de su existir, salvo la pandilla, que perdidos en una fosa morían cada día, gozando de sus fantasías. La suerte en otros menesteres lo seguía, relojes, dinero y corta uñas, se encontraba, pero nadie le creía, eres un muchacho desenfrenado respondían los adultos y el niño no se callaba, negaba toda injuria para salir a la primera oportunidad a la calle, sus dominios donde era el amo y tenía libertad para correr, saltar, gritar y ser el mismo diablo, acostumbrado ya a los latigazos y los insultos, el trataba de ser diferente de sentirse bien aunque sea entre vagos e ignorantes. Fue una tarde soleada, el sol se encontraba en el cenit, y el profesor llegaba raudamente, era gordo, con un color pálido y sudoroso, hablaba pausadamente, no sabíamos cuando estaba enojado o alegre, ni cuando estaba preocupado, sus facciones las mantenía siempre sin mayores gestos, y a veces apenas dibujaba un bosquejo de sonrisa, entonces se dirigió a los estudiantes para decirles de un concurso donde participarían varias escuelas de la provincia, el niño como siempre no atendía lo que se explicaba y molestaba a sus compañeros, poniéndoles carteles en la espalda, o cambiando las cosas de los morrales, y el profesor seguía explicando en que constaba el concurso, miraba de rato en rato a ese niño juguetón que tanto lo distraía, quedándose en silencio y con su acostumbrada pausa se acerco a él y digo a todos, ¡él nos representará!, entonces quedo frío como un cadáver, inerte y con la vista pérdida, su pensamiento se fue lejos a la playa cerca al faro, yo? Que haré?, representar a quién?, el profesor lo sujeto y le fue explicando los detalles del concurso, que les quedaba quince días para presentarse primero en su pueblo y luego si ganan irían a la provincia. Al otro día fue sacado de clase para la práctica, era un concurso en el cual debía demostrar sus cualidades y destrezas de equilibrio y malabarismo, para ello el director pidió que los alumnos trajeran latas de leche evaporada vacías, para entonces practicaba sin nada, sobre una línea recta debía caminar con cuidado sin salirse, teniendo los brazos, extendidos, abiertos, hacia arriba, con los brazos en la espalda, es fácil se dijo, que tonterías de concurso hacen los profesores, no tendrán en que pasar el tiempo expresó en su interior. Al otro día, cuando llegaron los niños todos traían la lata solicitada por el maestro, la cual fueron colocando en la línea del día anterior, una columna de tres latas por fila, entonces el niño siguiendo las indicaciones comenzó a caminar sobre las latas de aproximadamente de cinco metros de largo, lo hacia con facilidad, ¡muy bien! le dijeron, ahora sacaremos una columna de latas, el niño mas entusiasmado subió sobre ellas iniciando la carrera ya con cierta dificultad y como todo lo hacía apurado se dio un tremendo golpe que rompió a llorar, nadie se le acerco y al ver que nadie decía nada, optó por parase solo, iniciar su caminata otra vez y otra, hasta que los aplausos de sus compañeros lo animaban mas, dejaron entonces una sola columna de latas, lo intento y lo intento muchas veces, iba quedándose solo y lo siguió intentando, luego se fue directamente a su casa, con un solo pensamiento ganar el concurso de las latas. Se levanto muy temprano por la mañana, cuando sonaban en el reloj municipal las 6 am, y se puso a practicar con latas en su cabeza, ida y vuelta, rápido, despacio, saltando y bailando, era feliz haciendo eso, muy feliz; se sentó cansado y cogió un racimo de uvas de la planta de vid que había en el patio, vieja planta se decía y que ricas uvas para el campeón, se recostó como un emperador y gozó ese momento que no olvidaría toda su vida. La mamá se levanto y le sorprendió verlo ya lavado y cambiado para ir a la escuela, le sirvió el desayuno y él le comentaba lo del concurso, reía y reía con la madre que quería lo mejor para su existencia. Terminó su leche y sus panes, entonces vinieron a llevarlo una multitud de niños, era importante y que bien se sentía, puso empeño a las indicaciones del profesor quien le decía que debía concentrarse, olvidarse de lo que estaban a su alrededor, piensa solo en lo que estas haciendo, eres el malabarista de las latas, el único, el mas grande; estoy acaso en el cielo se decía, tanto han cambiado los adultos, tal vez un milagro de los que dice el cura o el pastor, será quizás que los extraterrestres los han transformado, hipnotizados están éstos, que bien que bien, que divertido. No se había dado cuenta el niño que los cambios se habían dado en él, la diversión ahora estaba en aprender y ser el mejor. Bueno ya sabes caminar sobre las latas, ahora debes llevar dos latas en cada mano y subirte sobre el camino de tarros de leche y caminar sin que se te caigan, primero despacito ida y vuelta, luego más rápido y más rápido, esto es huevo se dijo, pero ¡hoo! Caída tras caída, con el apoyo de sus amigos la pandilla hasta que se aburrían de tanto error y algarabiílla se retiraban y el niño quedaba nuevamente solo consigo mismo, debo hacerlo con dos tarros en las manos extendidas avanzo a toda velocidad ida y vuelta y saben que?, ¡No se le cayo ningún tarro¡ muy bien se digo eso es sigue adelante, ¡tu eres el mejor¡, se fue a casa por que ya la tarde caía y se encontró con el profesor quien lo felicito por su vehemencia y decisión para hacer quedar bien a la escuela, aunque eso ya no le interesaba a él, su meta era ser el mejor y que el mundo se entere que es bueno para algo. Entonces llego el día y el concurso se dio inicio, en el Colegio principal, bien vestido con su pantaloncito corto y sus tirantes, peinado con gomina miraba como los representantes de las otras escuelas hacían las pruebas con dificultades, ¡esto es un juego, esto es un juego!, se decía, miraba a todos y pensaba - soy el mejor, soy el mejor, aquí como en las calles mando yo- sintió que con una palmada le señalaban que ya era su momento, sin pensar corrió hacia el lugar y colocó una lata en la cabeza, dos latas en la mano derecha y dos en la mano izquierda y subió sobre las latas para empezar la carrera, no pensó en nadie más y el silencio se apoderó de su mente, solo él y el silencio, en treinta segundos caminó ida y vuelta y al llegar a la meta despertó, la muchedumbre reventó de euforia gritando ¡muchacho de lata, muchacho de lata!, era a él a quien aplaudían, era a él que un montón de desconocidos le levantaba en hombros, que instantes de algarabiílla, sus oídos, sus ojos y su corazón todo de sí, esperaba despertar de este viaje astral, buscó a su madre o algún conocido o familiar con quien compartir este glorioso intervalo de su destino y no encontró a nadie, como la pardela solitaria, la brisa del mar en un desierto explotó su enérgica rebeldía, ganador muchacho de lata, ganador un día, lo rodearon sus compinches para abrazarlo y levantarlo en hombros, entonces sintió que esa era su familia. El jurado debía deliberar al otro día con quien se enfrentaría esta vez, todos se retiraron a sus casas. Nuevamente al otro día se levanto temprano, se lavo sus dientes y la cara, se peino como de costumbre con su gomina, la madre se levanto y lo encontró esperando su desayuno, con zapatillas puestas, - eres asombroso hijo mío, que estarás tramando pequeño diablillo- dijo la madre sonriente, luego al terminar su desayuno le dio un beso en la frente. Ya de mañana el sol ganaba el cerro para aparecer con sus primeras luces, entonces bajo corriendo por la calle Dos de Mayo donde vivía, con su cara iluminada de esperanza, de ser el mejor, recorría el recinto que era un patio grande rodeado de pasillos que conducían a las aulas de los alumnos de secundaria, extraño lugar que le parecía familiar por cuanto en sus andanzas había llegado alguna vez por allí, acompañado de la cuadrilla de amigos y algunos les pasaban la voz deseándole suerte, en la contienda, pero el con aires de autosuficiencia solo atinaba a sonreír y menear la cabeza, entonces llegaron los contendores, uno más pequeño era su contrincante- pan comido - se dijo y comenzó a sentirse el campeón de la jornada, el juez levantó la mano señalándolos a los dos que daban inicio al concurso, luego él inició por sorteo, tenían tres oportunidades para realizar la prueba, caminar sobre las latas en fila de dos, llevar dos latas en cada mano manteniendo los brazos extendidos y una lata sobre la cabeza, contaba el tiempo y no debía caerse las latas; se alinea en la partida toma aire, cierra sus ojos y se concentra en las latas, toma la de la cabeza, extendió los brazos con las palmas de las manos hacía arriba y sus amigos le colocan las latas en cada mano, llevaba consigo cinco latas, miró de reojo a su profesor quien se encontraba con las autoridades y al darse cuenta le levanto el índice hacia arriba, entonces dio el primer paso sobre las latas y avanzó lentamente aumentando gradualmente su velocidad hasta llegar al otro extremo, la muchedumbre se mantenía en silencio, solo sonaban las latas al chocar entre si y al contacto de sus zapatos, por un instante perdió la concentración y la lata de su cabeza tambaleo, y la de su mano izquierda también, escuchándose un ¡uyyyyyy! del público, se detuvo unos segundo y siguió alcanzando la meta con cierta desazón, entonces las maracas, panderetas, demás instrumentos se fundieron con las voces y gritos en un estruendo mayor, el levanto las manos en señal de triunfo, pero sabía que tenía que esperar, el tiempo que le había tomado fue de 60 segundos, toda una eternidad. El momento era del otro niño, le colocaron las latas en la cabeza y en las palmas de la mano, inició la travesía y el silencio era aterrador, avanzó demasiado rápido llego a el final de las latas y al volverse para retornar una de las latas sobre las que caminaba se movió haciendo que se detenga unos instantes, segundos que contaban, el recorrido hasta ese momento le daba la victoria, respiró profundo, pensó en lo tanto que había practicado, en lo que sentirían sus amigos y padres si perdía, en sus profesores, entonces logro la estabilidad nuevamente y siguió más despacio aumentando luego la velocidad y llegaba a la meta con el tiempo a su favor, otra lata entonces se movió tambaleándose casi cae, se detuvo nuevamente, él pero en el reloj las agujas seguían raudamente, el miedo y la desesperación se hicieron presentes, transpiraba y comenzó a ver a su alrededor, sentía el latir de su pecho, jadeaba, caminó un paso y otro. Estaba prohibido hablar o arengar al concursante, así como en el tenis, sin embargo, todos querían hacerlo, inclusive el niño contrincante. Continuó su travesía y llego a la meta, siendo ovacionado por el público de todas las escuelas participantes, llego la hora de decidir al ganador, se anunció al niño de nuestra historia, con 60 segundo pasaba a la gran final que se haría en otra localidad. El niño sintió que esta victoria no se la merecía, que el sufrimiento del perdedor no siempre vale la victoria, en que estoy pensando se decía, esto es una competencia y soy el mejor, no me debe importar el contrincante, pero lloró por aquel niño que como él se esforzó para no lograr ganar, pero llego a la meta se dijo y eso ya es ganar, se acercó al niño entonces y lo felicitó con un apretón de manos, eres bueno expresó, fue difícil competir contigo. Luego sus compañeros y compinches lo levantaron en hombros gritando ¡Niño de lata, niño de lata, niño de lata! haciendo alusión a como dominaba el esas latas, imagínate, sentía explotar su pecho, la sonrisa no le alcanzaba en su carita, era feliz, sensación por primera vez que hacia suya. El profesor se acerco y le dio un fuerte abrazo diciendo, ¡Ese es mi muchacho!, dos acciones en una sola expresión, lo llevaron a lugares inexplicables, sueños y experiencias de niño, ¿alguna vez alguien me dio un abrazo y me dijo que me quería?, ¿qué es esto?.Lloró al sentir los abrazos de sus amigos y mayores de su alrededor, pero faltaba el abrazo de papá, que nunca llego. En casa ya sabían la noticia y su madre le toco la cabeza y le ofreció un buen lunchecito, como le gustaba al campeón, ella siempre sabía apreciar sus bondades, aunque recta e inflexible, lo amaba y siempre le demostraría esto dándole de comer en la boca como hacen los pajarillos con sus polluelos. Entonces él no sonreía, pero no estaba triste, estaba taciturno y meditabundo, entonces lanzó su duda, mamá y ¿dónde esta mi papá, por qué nunca lo veo cuando estoy despierto, por qué siempre viene a mí cuando duermo?, el silencio cubrió ese incompleto momento de victoria. La madre le trato de explicar que su padre se fue al cielo, que enfermó de un derrame cerebral y que le hubiese gustado estar en este momento importante para su niño, le contó que nunca lo conoció pero que siempre cuidará de ellos, su mirada se hacía más triste y lo abrazó fuerte dándole un beso de ternura, pero hijo mío yo estoy acá para quererte y cuidarte por mi y por tu padre, tranquilizando al niño, aunque éste entendía poco de lo que le hablaba, además estaría orgulloso de que ganaras el concurso. Otro día en la calle con los amigos, subiendo por los techos y metiéndose a conversar en una casa en construcción, el tema, él, el Niño de lata, que lo ponía sin querer en un pedestal, el pueblo era pequeño y todos estaban enterados de este gran acontecimiento, la pandilla le reclamaba por haberlos abandonado, pero les explicó que lo más importante era ganar y ser los mejores, entonces uno de ellos empezó a cantar: Chicos rebeldes sin causa que el destino les puso una meta Sin que se dieran cuenta. Hacen todo posible Por ser diferentes Guerreros de la calle Soldados de la astucia Sin miedo ni temores Luchando son feroces ¡Viva la pandilla! ¡Viva el niño de lata! , y Todos reían de lo feo que sonaba, quedaron en silencio mirándose las caras, pensando quizás en la estrofa cantada y su significado, que no terminaban de entender cuando El Niño de lata se levanto y salió corriendo, ¡el primer en llegar a la cruz verde es un campeón!, y salieron corriendo por los techos, recibiendo de algunos vecinos gritos de protesta por la tierra y a veces adobes que caían, ya en la plaza hizo traer las latas y dio inicio a las prácticas, esta vez debía mejorar en tiempo y dificultad, habría dos pruebas una con una lata en la cabeza, dos en cada brazo y mano; una prueba libre, la cual debía ser espectacular se decía. Practicó hasta altas horas de la noche, y esta vez nadie lo abandonaba, la pandilla había empezado a sentirse orgulloso del Niño de Lata, practicó en la escuela y la calle por una semana, hasta en su casa lo hacía, estaba decidido si o si, ganar, ganar, repetía para sí, le pidió a se mamá le alimentara mejor, lo curioso de todo era la transformación en su forma de ser, en su vestir, su aseo y hasta olvido de mentir, timar y burlarse de los más pequeños; los sentimientos reprimidos por ser un incomprendido, no tener padre, amar a sus hermanos, hermanas y madre, así como a los débiles afloraban hacía el exterior asustándolo y haciéndole llorar. El profesor que cada día lo entusiasmaba con respecto al evento le dijo que su habilidad era excepcional, su dedicación tenía sus frutos en la victoria, pero también en las personas de su alrededor, -cuando haces algo bueno, no solo tú eres feliz, irradias esa felicidad a tus compañeros, la escuela, y lo más importante a tu familia- ante lo cual sonrió, sin entender si eso era verdad, pensaba, si son felices por mi, porque me maltratan, con palabras y jalones y vergazos, algo anda mal en este mundo donde suelen decir –más te quiero, más te pego-, mundo de padres locos y de hijos desobedientes, donde se ha visto que me amen y me llenen de moretones o me saquen una oreja, trató de no dejarse llevar por su filosofía y atinó a decir que quería ganar para hacer felices a todos en el pueblo, que amaba a todos sus hermanos y hermanas y en especial a su madrecita, pero siempre guardo silencio, son cosas que solo se silban y no se cantan, como lo que sentimos por los demás que es de uno y nadie más. Llego el día, eran cuatro los adversarios que tenía, los miraba fijamente, con la seguridad de ganarles, venciendo el miedo que se removía en su interior, se hizo el sorteo y le toco ser el tercero en la contienda. Las barras alegraban el ambiente con canciones y gritos, maracas, cornetas, tambores sonaban incansablemente. Al comenzar el primer concursante inició la primera prueba a través de las latas, la gente estaba en silencio, avanzo y se le cayo la lata de la cabeza, por lo que nuevamente lo intentó fracasando en su intento, esta vez la lata de su mano izquierda cayo por el temblor que había empezado a tener por los nervios y entonces echo a llorar, no queriendo seguir. El segundo contrincante estaba de pie en el punto de partida, el Niño de lata estaba mirando la pared, trataba de concentrarse allí, quería sentirse solo y lograr tranquilidad, su imaginación voló hasta la orilla del mar; subió el segundo concursante sobre las latas avanzo ida y vuelta levantando los brazos en una jornada exitosa, reventó el público en alegría y música. Era su turno, miró el lugar del evento, era una casona grande y vieja, hecha de barro y quincha, un portón con una cerradura grande en la entrada, tallada y bien pintada, quizás del siglo XVII, paredes altas y el patio era rodeado de barandas con una pérgola ya muy vieja, pareciese estar en la edad media, con la gente gritando como cuando a algún prisionero lo enviaban a la horca, caminó lentamente hacía el punto de partida pensándose solo, en la playa al lado del faro, viendo la inmensidad del mar que le daba tranquilidad y esperanza, le colocaron la lata en la cabeza, estiro los brazos para recibir las latas en ambas manos, e inició la caminata, no escuchaba a nadie solo avanzó raudamente y volvió de la misma forma, no se detuvo ni un segundo en la travesía, la gente explotó de algarabía, lo hizo nuevamente, una marca que nadie había logrado entonces y no lo superaría el siguiente concursante. El siguiente concursante era un amigo que conoció en una de las peleas callejeras, el cholo le llamaban, muy rudo se veía, hablaba palabrotas como si eso fuera natural, molesto o no las repetía como parte de su verbo, eso le hacía parecer mas macho, según decía; llego al punto de inicio y luego de tener las latas colocadas, en cabeza y manos camino sobre las latas rápidamente pero llegó al otro extremo y en vez de disminuir la velocidad para dar vuelta y volver cayó estrepitosamente, tanto que tuvieron que llevarlo a la asistencia pública donde le colocaron algunos puntos en la ceja izquierda, y al no haber hilo para este caso lo hicieron con hilo canuto, hilo para cocer ropa, y una aguja también para ropa, claro que bien esterilizada en una llama de vela, el Niño de lata gano esta etapa de la competencia pero ante el accidente del otro niño nadie lo celebro con bullicio, solo unas palmadas al hombro y abrazos silencios. El profesor se acercó al niño de lata, para indicarle que al día siguiente era la última etapa de este concurso, él y el segundo niño competirían por el título provincial, la prueba era libre, debería mostrar creatividad, equilibrio, velocidad, limpieza, si profesor estoy preparado, tal como me indicó respondió apenado. Por la tarde en una casa en construcción donde solía reunirse con la pandilla y finiquitar lo que realizaría al día siguiente, les comento a todos las indicaciones del profesor, llevar dos latas en la cabeza, dos en cada brazo y una en cada mano, pero ¿saben?, lo haré diferente lo del brazo derecho bien, la cabeza solo una lata y dos en mi nuca, y dos en el brazo derecho y una en la mano de mismo, una en la palma del brazo izquierdo pero llevado a la espalda, ya lo he practicado muchas veces y creo hacerlo bien, debo ganar por nosotros, la pandilla techera, tres hurras y se levantó para irse a casa, donde lo recibieron su madre y hermana, lo felicitaron y le dieron su cena y fue a dormir, soñó que ganaba con dificultad, despertó pensando en lo que haría el otro niño, unos quince minutos repensó y se maltrató, entonces se detuvo y se dijo, pero haga lo que haga él, no podrá ganar si lo que yo haré lo realizaré mejor y así será, no ganaré porque él se equivoca, sino porque soy el Niño de Lata, y se quedo dormido así, sintió luego un beso de buenas noches y una voz que le decía duerme campeón. Por la mañana se levanto muy temprano tendió su cama y salió al patio, se lavo, se peino y sentado esperó que se levantase su madre, que al verlo solo lo abrazó diciéndole, pequeño pilluelo hoy ganarás, toma tu avena y los panes con mantequilla que ya es hora, terminó y salió rápidamente para llegar a la escuela, la delegación partiría a las ocho de la mañana y se conducirían en dos góndolas, así le llamaban a unos buses pequeños con carrocería de madera, de poca velocidad y no eran otra cosa que camiones viejos improvisados para el servicio de transporte, entonces estaba lleno, pero su lugar estaba separado, al subir todos exclamaron ¡Niño de lata, Niño de lata!, se sentía un héroe muy seguro de si mismo. Ya en la capital de la provincia fueron conducidos a la misma casona, todo estaba preparado, hubo música, baile y poesía, para luego dar inicio al último tramo en esta competencia que sería la última quizás ya que para la mayoría de los adultos no tenía significado educativo, lo cual inicialmente creía el Niño de lata, pero ahora no, el evento había significado un valor colectivo inimaginable, su destino podía cambiar de repente porque su comportamiento también, en fin eso no le importaba por el momento, se hizo el sorteo para dar la partida y empezó el otro niño, parado en el punto de partida, le colocaron una lata en la cabeza, dos en los brazos extendidos y dos en los hombros, caminó sobre las latas lentamente llegó al extremo y volvió trastabillando y una de las latas se volteo siendo detenida de caer por el brazo derecho, llego a la meta en setenta y cinco segundo, la gente lo ovacionó y lo levantaron en alto, prueba difícil le tocaba al Niño de lata, mientras arreglaban las latas el profesor le aconsejaba que tenga tranquilidad y piense en ganar, todo dependía de él, sus capacidades y sus fuerzas. Llego el momento y ubicado en la partida colocó dos latas en la cabeza, una en la mano y dos en el brazo derecho, agacho su cabeza y colocaron una en su cabeza y tres en la espalda, modificando lo conversado el día anterior con su pandilla, pero manteniendo lo del brazo izquierdo que estaría en la espalda y llevaría una sola lata, listo aquí voy, caminó lentamente paso a paso hasta el final y dio la vuelta para acelerar el paso y alargarlo sin empujar las latas y conservando las que llevaba sobre él, concentrado las latas y él, llegaron a la meta en 65 segundos, los jurados revisaban sus puntajes y dieron como ganador al Niño de Lata, fue un alboroto, se confundieron abrazos y besos, llantos y risas nerviosas, había triunfado su dedicación, decisión, concentración y habilidad psicomotora, ¡Campeón, Campeón, Niño de Lata, Campeón, los honores se repartieron al niño, el profesor, la escuela y cada niño en ella, todos ganaron, por primera vez en su insignificante vida había hecho algo para todos, ya en la góndola de retorno llora porque había terminado, mañana todo será igual, cero tres en matemática, cero cinco en lenguaje y ortografía, soledad, castigo y de esta acción se olvidarían, no mas palmadas y caricias o palabras de aliento, la aventura ha terminado.